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Mostrando entradas de diciembre, 2016

Luna azul en tus ojos

CLAUDIO RODRÍGUEZ MORALES -. El escritor David Chase sale del supermercado –última parada antes de iniciar la marcha a Nueva Jersey- cargando en sus manos dos bolsas de papel llenas de víveres. Junto a las cajas de leche descremada, café y cereales, está el disco compacto “Exile On Colhardbour Lane” del grupo Alabama 3 (al encontrarlo en una canasta de liquidación junto a producciones musicales desechables, pensó en un error de los reponedores, pues se trataba de un álbum de ese año y de los buenos. Ni por un segundo dudó en comprarlo). Mientras deja con dificultad las compras en el portamaleta, el disco resbala de su mano. A pesar del plástico protector, la caja se hace mil pedazos en el pavimento. Chase recoge los restos y revisa su interior. A contraluz, el producto le parece intacto, sin rayones. Piensa en la inmortalidad de los vinilos y en los pocos que rescató de los viejos tiempos, cuando soñaba con convertirse en un Rolling Stone. Con más pelo y adrenalina entonces, a

Propedéutica

De niños huyendo de la vulva. Batracio resbaloso y maloliente; condena de la adultez. Las niñas, en cambio, desde temprana edad, atraídas hacia el penecillo; lo persiguen, espían y dibujan; intercambian sus pesquisas en improvisados foros, ejercitan su manipulación con objetos instructivos. Con el tiempo, los niños se resignan al inmisericorde lavado de cerebro impuesto por los reproductores adultos y a fuerza del tenaz asedio de las niñas. El incentivo de los glúteos y los pezones y la promesa de una proverbial succión hacen que la vulva sea aceptada como un mal menor, en cuyo uso algunos incluso fingen ser expertos. La inmensa mayoría nunca la ha mirado de cerca y darían las llaves del reino con tal de saber dónde empieza y para qué sirve ese pene rudimentario, de nombre esdrújulo, que suena a griego. Según antiguos chamanes y galenos, el culto fálico imaginario explicaría por qué cuando una pre-púber llega a conocer el pene de manera imprevista ya no tiene lugar en su me