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9 jul. 2013

Te lo diré en pocas palabras

JUAN PABLO JIMÉNEZ -.

“Me senté en el umbral de mi puerta a esperar que pasara el cadáver de mi enemigo. Pasó y me dijo ‘hasta mañana’. Con tal de no darme paz, sigue penando entre los vivos” (“Cadáver”, Raúl Brasca)

Borges se fue a la tumba, aparte de sin haber recibido el Nobel por haber venido a visitar a Pinochet y haber declarado que a Latino América había que ordenarla y limpiarla del anarquismo, sin haber podido condensar un cuento en una palabra. Él creía que ese era el cuento perfecto. El súmum de la síntesis. Una historia en una sola palabra o en una frase que no durara más que tres palabras.

Leyendo el libro “Cuentos Condensados”, de Fernando de Gregorio, recordé aquel poema del Flaco Robles, un amigo: “Una mosca se paró en tu muslo. Y tuve celos”.

En “Cuentos Condensados” este creador imaginativo desde pequeño, cuenta grandes cosas, grandes historias, en menos de tres líneas, en pocas palabras.

Grandes sucesos que son condensados, guardados en una cápsula y enviados en ese formato al espacio, como testimonio de los humanos a civilizaciones extraterrestres.

“La joven le miraba descaradamente el trasero a su vecino de viaje. Alargó una mano tímida para tocarlo, y suavemente le robó la billetera”.

En este libro lo que va construyendo el autor es una suerte de juego, de estilo en el que la síntesis es el espíritu que nos impulsa a ir pasando de hoja en hoja.

Y no es que tenga que ver con los tiempos que corren, agitados, individualistas y convulsos. Es una urgencia por describir una película de dos horas y media en un espacio parecido al que usamos para twittear.

Tal vez sea comparable al hombre en medio de la inmensidad del Universo. Así como Jodorowsky dice que cada uno de nosotros es la manifestación de Dios, así mismo cada uno de nosotros es una historia, condensada, que se está desarrollando dentro de otra gran historia.

Los relatos frescos y cálidos y cotidianos y certeros de Fernando son libros de 700 páginas inmersos en otro gran libro que contiene todos los libros de la Historia y de lo que significamos nosotros mismos.

“Acabo de descubrir que soy sonámbulo, y bastante proactivo. Recién me llegó el cheque por el primer mes de empleado como nochero”.

Uno podría pensar que un libro de 80 páginas se lee en una tarde. No. En este caso no. Lo leí en dos semanas. Porque uno se va deteniendo en cada historia contada en pocas palabras. Un puñado de palabras que impulsan en uno la imaginación, la continuidad, una suerte de sentido por buscar un final que, en lo concreto, ya lo había dado Fernando con cada uno de sus cuentos.

“Cuentos Condensados” es un manifiesto que nos obliga ir degustando con calma cada relato, sin apuros. Rumiar historias grandes en espacios pequeños. Cosas imposibles en escenarios diminutos. No hay para qué correr.

“Las palomas de la plaza no se alimentan de las migas que les dan los ancianos, se alimentan de sus conversaciones llenas de nostalgia”.

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