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18 sept. 2013

Rodrigo Verdugo. Veinteavo anuncio


Por Rodrigo Verdugo Pizarro


A mi primo Alan Bruna Pizarro,
En recuerdo de Villa Portales
«Y con horrible estruendo se abrieron
cráteres y abismos poblado del duro instante de
escalofriantes máscaras»
Olga Acevedo

Veo los lugares desde lejos y no los quiero habitar
La desposesión es la misma ya sea en el fuego o en el agua
O plantada al lado del desvarío de los jardines.
Veo las puertas desde lejos y no quiero entrar
Las hijas traen copas y clavos
Yo tengo un patrimonio de colchones y caballos atropellados
Venid postores, jugad con estos bienes.
Veo las ventanas color de azufre
Y se lo que se desfonda en ellas
Lo que logra quedar en pie como un arrobamiento de niño
Ante espacios blancos y negros.
Las hijas cuidan que el fuego no me quite la máscara
Cuidan que no hablen de mí en los desiertos
Barren mis resplandores sobre los ríos.
El espacio negro ritualiza al espacio blanco
Las olas quedan colgadas, prospera en los sesos ese motor aterrado.
Es imperioso que vuestras rodillas
Lleven caballos atropellados a los colchones
Como también colgar las olas,
Ponerles dientes visionarios a las bajas esperas.
Veo los pasillos desde lejos y no me quiero acercar
Ni llegar al final de ellos dirigiendo el aliento de los rayos
Que quedara esbozado en distintas líneas sin saber cual de ellas tomar
O adonde conducen, OH dime si al espacio blanco
Cuando parece un cajón abierto
O al espacio negro cuando parece esa sustancia que revuelve
Los funerales para que yo los guarde dentro de las botellas
Pero el cajón ha de cerrarse,
Luego de que las hijas hayan hurgado en él
Será porque tienen inclinaciones fosfóricas
Y la sustancia sale por el sur y se esconde por el norte
Donde fue imperioso que las grullas hayan arrastrado rejas
Y entrado a esa casa amarilla, donde clavos y copas son solo una parte
De aquello que se ha tramado en el espacio negro,
A espaldas de todos nosotros, con aletas,
Con puentes partidos, con cajones sueltos,
Con la certidumbre que he de desfondarme en un aliento de rayos
Que las hijas traigan después mi cabeza en sus manos
Será porque tienen inclinaciones fosfóricas
Que las hijas traigan después mis sesos sobre sus ojos
Será porque tienen inclinaciones fosfóricas
Quedara acaso en pie la sustancia o lo que plante en el espacio negro
Mi patrimonio subastado en el espacio blanco y por supuesto rechazado.
Yo uno mi propia línea a las demás siguiendo el consejo de las hijas
Sé entonces de la alta y baja espera que se padece entre ambos espacios
Pero me angustio y empiezo a ultrajar, a reintegrar
Toda una anatomía de ánimas sobre los colchones
Y se suman las grullas y los motores aterrados a la orgía ruinosa.
Pero que hacen aquellos con aletas ahí en medio de ese puente partido
Quieren que lo cruce, que ellos me harán llegar al otro lado
Dicen: “Todo lo que necesitas es una inclinación fosfórica, y nada más”
“Podrás cruzar sobre todas las líneas si quieres, tu línea podrá dar
Fin u origen a las demás, podrás hacer también que ninguna de esas
Llegue a alguna parte,”
¿Cuál tomaste en tu infancia, cuando pusiste los clavos sobre las olas,
Si, dejaste algo ahí, como todo adolescente un padecimiento nacarado
Que las hijas cuidaran, dejando acercarse solo a los rayos y a las copas
Tú buscabas dentro de los cajones con temor a que te descubrieran
Con ese repertorio de piedras que el aliento de los rayos les producía
A quienes cambiaban de línea
O a quienes bebían un trozo de azufre de la misma copa
Y te castigarán trece días, sin poder tenderte debajo del puente.
Sin esas aletas que nos validan en cada suicidio
Sin que a la hora de cenar Silvia te cuente historias
De quienes pasaban del espacio negro al espacio blanco.
Veo desde lejos los cajones cerrados y ya no los quiero abrir
Porque pasar de un espacio a otro es como cambiar de rostro.
Veo a la sustancia esconderse en el norte,
Porque ningún muerto ha descansado
Como si ahora los rostros trajeran la imposibilidad de los retratos
Y eso se extendiera a los espacios blancos, a los árboles y a los ríos
Como si ahora los rayos trajeran
La imposibilidad de los espejos Y de los resplandores
Y eso se extendiera sin tregua a los espacios negros, a los cuerpos y a las sombras.

Del libro inédito “Anuncio”, dedicado a la memoria de mi abuela y segunda madre, Silvia Silva Robles.

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