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4 ago. 2012

Patricia May. Un paso al costado

JUAN PABLO JIMÉNEZ -.

La antropóloga chilena Patricia May se ha pasado buena parte de su vida preguntándose a cerca de quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Ha ocupado su energía en entregar energía, especialmente a quienes se sienten atribulados no solamente por sus problemas internos personales, sino además, por creerse presos o demasiado ajenos a lo que sucede en el mundo.

En su reciente libro, “Certezas en un Mundo Incierto”, May reflexiona en cómo poder construir una sociedad mejor a partir de la conciencia y el amor, a través de lo simple, más que a partir del poder económico o político.

Vivimos en un mundo de caretas. Importa la marca del zapato, el color de la corbata, el lugar donde fuimos de vacaciones o el modelo del auto. Eso no lo echaremos en la tumba cuando nos pudramos y comiencen a comernos los gusanos.

Patricia May propone que nos detengamos. De forma simple. Sin ninguna parafernalia. Que nos detengamos en lo que significa respirar, caminar, andar por la calle en calma; acercarnos al otro y dirigirle una palabra de aliento.

Ello hace falta al ser humano actual inmerso en un mundo agitado, donde a cada minuto –sobre todo en esta era de la inmediatez de internet– debe demostrar algo. ¿Qué? Lo que sea, pero algo. Sobre todo algo que lo valore en medio del contexto que describimos.

May propone que actuemos despojados: ni pasados ni futuros; nada o casi de expectativas en pos de vivir el presente a concho como un regalo del destino.

“¿Se imagina visionar estilos de educación que integren la armonía corporal, el arte, el conocimiento, las habilidades emocionales y el despertar del sentido de los estudiantes?”. Preguntas que se hace la autora en su intento de decirnos que las sociedades podrían constituirse a partir de acciones sencillas, puras y sin tener ánimos de grandeza. Sociedades amparadas en el amor del ser humano por sí mismo, proyectando a sus pares un nuevo sentido futuro, una toma de conciencia que nos haga ser mejores.

Todo está en lo simple. La autora del libro se detiene en los estados de estrés del hombre actual, estados que nos provocamos nosotros mismos ante la desesperación y la ansiedad respecto de lo cual no tenemos una explicación.

Invita por ejemplo a que cada vez que venga sobre nosotros un estado de alteración, una crisis de pánico, un ataque de ansiedad, pensemos en las cosas simples y bellas que nos da la vida. Desde el saludo cordial de un vecino, al nacimiento de un hijo o el cumplir un sueño noble por años anhelado.

¿Podemos ser mejores? Sí, podemos ser mejores. ¿Está en nosotros alcanzar esa ruta? Sí, está en nosotros alcanzar ese sendero.

Estar inmersos en la mierda actual, en el consumismo, en la hipocresía, en las falacias de los políticos, en las promesas incumplidas del gobierno de turno, va generando en nosotros estados de cansancio en el alma que más tarde se reflejan, además de enfermedades, en nuestras propias relaciones de convivencia social.

Está solo en nosotros la respuesta, deteniéndonos en medio de la vorágine y dejándonos tocar por pensamientos que nos impulsen a la vida más que a la fatiga física y espiritual.

Es cierto, estamos justo al centro de un mundo agitado donde vale más el que demuestra más caretas. Pero es cosa de dar un paso al costado, abrazar un árbol, mirar la foto de nuestro bebé y sentarnos en una banca a ver cómo pasa la vida, tomando aire para llenar nuestros pulmones de optimismo.

Es más fácil de lo que parece.

2 comentarios :

  1. Una propuesta honesta, desprejuiciada, que indaga en los aspectos esenciales del ser humano. Pero, ¿cómo nos hacemos cargo del condicionamiento cultural que guía casi absolutamente nuestros pasos?

    Buena reseña, amigo JP.

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  2. "Estar inmersos en la mierda actual, en el consumismo, en la hipocresía, en las falacias de los políticos, en las promesas incumplidas del gobierno de turno, va generando en nosotros estados de cansancio en el alma que más tarde se reflejan, además de enfermedades, en nuestras propias relaciones de convivencia social."

    Así es como me siento en estos mismos momentos, luchando conmigo misma para dar con algo de cordura en mis relaciones de convivencia.

    Un abrazo.

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