Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de mayo, 2014

Por lo que me han contado

JUAN PABLO JIMÉNEZ -. A propósito de “Volver a los 17”, de Óscar Contardo… Me acuerdo que hacía casi dos semanas que yo había salido del vientre de mi mamá. Que salí con fórceps, me contaron, como después me contaron todo lo que hasta hace pocos años vengo entendiendo. Me acuerdo que mi infancia –o tal vez sea lo que hoy interpreto como aquello que rodeaba a mi infancia– estuvo teñida por la muerte de Rodrigo Anfruns, lo que decían que podía sucedernos a los niños en los oscuros pasillos de la Villa Portales en Santiago y por la aparición en tevé de ese señor sonriente de gorra impoluta que hablaba de algo así como de habernos liberado y que cortaba cintas tricolores día por medio. Me acuerdo de los actos cívicos en el colegio católico en que estudié, donde siempre en primera fila estaban hombres sonrientes de uniforme que después saludaban a los hermanos como si todo se tratara de un triunfo. Me acuerdo del penal de Caszely, de la primera Teletón –que me generó pe

Pornostar chileno rompe récord mundial

JORGE MUZAM -. En el verano francés de 1997, un relato de mi autoría titulado Pornostar chileno rompe récord mundial se impuso unánimemente en Le Grand Prix de Littérature Erótique de Montpellier. Narraba un suceso ocurrido en una población periférica de San Carlos durante la primavera de 1989. La población Once de Septiembre es una agrupación de 200 casas de material liviano y techumbre de pizarreño. Fueron levantadas en 1982, detrás del cementerio de San Carlos.  Habían llegado a vivir allí los desplazados capitalinos del general Augusto Pinochet. Decenas de miles de personas que sobrevivían cerca de los barrios más acomodados de la República y que con la fealdad de su pobreza ensuciaban el horizonte, ocupaban territorios que iban adquiriendo alta plusvalía y se convertían casi sin quererlo en una potencial amenaza para los más ricos. Pinochet cercenó ese problema acarreando a las personas en camiones militares y buses viejos hasta los lugares más apartados del p

Infiltrándome

JORGE MUZAM -. El tornado arremetió botando postes y antenas mal afirmadas. Cayó granizo, lluvia en baldazos y los caminos quedaron cubiertos de lodo y ramas quebradas. Dos días sin luz me reabrieron la puerta a John Steinbeck. Esta vez leo La Taza de Oro, humanizada visión de la vida del pirata Henry Morgan. Lo compré no hace mucho por menos de dos dólares. Es una novela difícilmente ubicable en Chile. He hurgado en ritos de quimbanda, umbanda, candomblé, macumba, vudú, orixas, caboclos. Son temas apasionantes, muy practicados en zonas tropicales y subtropicales de América del Sur. Hay espíritus y dioses para lo que a uno se le ocurra. Un ejemplo es el espíritu que se apodera de los delincuentes, se llama malandriño o Exú. El que lleva a las personas a la depresión y al suicidio es Oxum. Numerosos creyentes creen estar poseídos por distintos espíritus y los ritos de agasajo o exorcismo son pan de cada día. Lo practican desde humildes carreros hasta gobernadores. A

Azuzando a las jaurías de historiadores

JORGE MUZAM -. El controvertido historiador chileno Alfredo Jocelyn-Holt promueve otra provocación en la tercera entrega de su megalómano discurrir sobre la Histoire du Chili, farsa de país hasta cuyo nombre suena a picante. Jocelyn-Holt afirma que nuestra clase hacendada fue exitosa en cuanto a su consolidación como clase hegemónica. Esto equivale a decir que los perros han sido igualmente exitosos al encontrar árboles donde descargar su caliente ofrenda acuosa. Hasta aquí, sólo un planteamiento, tapizado con su habitual barroquismo conceptual. Luego, antes que el helado se derrame, lanza una segunda capa de sucedáneo de chocolate: esta consolidación no estaría enteramente emparentada ni representaría una perduración del feudalismo español, sino que iría a la par y en estrecha relación, al menos culturalmente, con los cambios experimentados en Europa occidental. Este segundo planteamiento basta para soltar las jaurías de historiadores a despedazarse. Dada mi templanza de