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Mostrando entradas de enero, 2014

Las cuitas de un escritor chileno

JORGE MUZAM -. Se llamaba Lamberto. Era un feo nombre, así que sólo le decíamos Lambert, pues de esa forma se asemejaba más a Christopher Lambert, el highlander escocés. Con el tiempo sólo le dijimos Cris. Creo que le hicimos un favor en ese sentido, pues de otra forma su nombre habría derivado a Lame-raja, o cosas aún peores. Se allegaba a nuestro grupo cuando bebíamos en el bar de la tía Daisy, en el barrio República. No podríamos decir que era un mal muchacho, sólo porfiado como asno, llevado de sus ideas, como abuelito de 80 años que no está dispuesto a cambiar un ápice su rutina. En este caso se trataba de sus percepciones literarias. De alguna forma se había quedado estancado en sus primeros acercamientos a la literatura allá por los 18 años. Desde entonces sintió que con eso le bastaba para convertirse en un literato hecho y derecho y dar cátedra por la vida. En cierto remoto sentido tenía razón, pero no estábamos dispuestos a reconocerle ese mérito. Sus influencias o padri

Una buena pija

JORGE MUZAM -. Discutimos acaloradamente sobre la pertinencia literaria de ciertos apodos del pene. Aristizabal me critica mi excesivo uso de extranjerismos, porque en Chile muy pocos entienden lo que es una buena pija o una gran polla. Los chilenos sólo se refieren a picos, pichulas, longanizas, cochayuyos y guachalomos. Le respondo que debido a la lectura de tantas novelas y traducciones provenientes de Estados Unidos, España, México y Argentina, he terminado por asimilar ciertos modismos y muletillas de otras latitudes a mi prontuario conceptual. Por lo demás, muy poco me importa lo que piensen mis coterráneos, pues me leen bastante más fuera de Chile que dentro. Quizás porque en mi país se suelen privilegiar los eufemismos aterciopelados, los adulatorios, las lameduras de raja y las miradas lastimeras en el propio ombligo, es decir, cualquier mariconadita que no dañe el susceptible lomo de los hipócritas ciudadanos de esta república.

No rías tan fuerte

JORGE MUZAM -. Expresar demasiado entusiasmo agrede a los que caminan cerca, porque la vida usual es precisamente desengaño, es tropezar y repartir patadas a quienes parezcan culpables, es caminar como cándidos cangrejos que creen ir siempre hacia adelante. Los únicos sueños valederos son los que se albergan bajo el entusiasmo infantil. Y valen algo porque tardarán unos años antes de ser aplastados por la decepción. Los otros, los sueños que despiertan risotadas en horas adultas, pues no son más que boberías acicateadas por el clima, el vino y los recuerdos. Sin embargo, quienes les confieran demasiada importancia serán empujados hasta celditas aparte, como místicos o poetas o locos inofensivos. Algunos encontrarán en esas celditas nuevas formas de ganarse la vida. Pero los místicos verdaderos, los que nunca cobrarán dinero por una consulta, se apartarán a su propio desierto a soñarse a sí mismos y no molestarán a nadie.