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8 feb. 2015

Somos solo ruido

JUAN PABLO JIMÉNEZ LÓPEZ -.

¿Desaparecerán los discos definitivamente? La vuelta de los cassettes y vinilos, ¿es un intento casi desesperado de mantener la magia de los discos viva a pesar de todo? 

Hoy se hacen los álbumes en la casa. La venta de los mismos es mucho mejor de manera independiente, mano por mano, y especialmente en los conciertos.

Hasta hace 20 o un poco más años, un ingreso importante de un artista exitoso era la venta de los discos. En Chile, el premio del “Disco de Platino” era entregado por los sellos a quienes vendían más de 20 mil copias. Con 10 mil, tenías el “Disco de Oro”.

Poco a poco eso fue variando. Hoy, quien vende 3 mil copias en nuestro país es un artista “popular” y debe darse con una piedra en el pecho por el “éxito” alcanzado.

El pirateo ya no tiene que ver con que un disco esté a 11 mil pesos. Eso fue al principio. Hoy todo está al alcance de la mano a través de las redes sociales, de internet, de los sitios de música donde se puede bajar música.

No hay restricciones y ello ha hecho que el concepto de la grabación de un álbum sea distinta y con ello, también la carrera de los músicos.

En “Bajen la Música”, del periodista Manuel Maira, el autor hace una profunda y despojada reflexión de cómo se presenta hoy el mundo de la música a nivel de grabación de discos y el vivir de este arte.

Hoy internet lo decide todo. Los discos virtuales poco a poco han ido ocupando un espacio en nuestros archivos musicales y nuestro cerebro. 

No es raro entonces que gente como Radiohead lance un disco que puede ser descargado por unos dólares o que bandas de algún recóndito rincón del planeta pongan sus creaciones a disposición de los melómanos gratuitamente.

Para los que somos melómanos coleccionistas, la cosa no se ve muy alentadora. A este ritmo los discos desaparecerán. Como han desaparecido sellos monstruosos como “Virgin”, cuya casa central sorprendió a todo Nueva York el día que sus cortinas aparecieron cerradas para siempre por allá por el 2009.

También están desapareciendo las disquerías. Para qué comprar el último álbum de un grupo a 9 mil pesos si lo puedo descargar gratis. O mejor aún: si lo quiero físicamente, voy al concierto de ese grupo y lo adquiero por 4 mil pesos.

Hoy, el concepto de disquería –como “La Tienda Nacional” en Santiago– cambió. Las pocas que existen recurren a la venta no solo de CDs, sino además libros, vinilos, pósters y toda clase de objetos-fetiche que tengan relación con la música. De la venta de discos ya no se vive.

Y ni hablar de la promoción. Un músico hoy no es raro que sea más conocido en el extranjero que en nuestro propio país. Grupos como Denver o Astro, por ejemplo, agotan entradas en países europeos y ello se lo deben principalmente a que su música, en video y audio, están disponibles libremente. Esos grupos en los 80 hubiesen estado destinados al olvido en corto tiempo…

“Bajen la Música” es la nostálgica pero realista visión de la industria de la música y de los escenarios ofrecidos para quienes escuchamos y nos nutrimos de la música. 

Tal vez ya nunca más corramos a la disquería más cercana inundados de emoción a comprar el disco nuevo de nuestros ídolos. Y ante el exceso de nostalgia, mejor hacer el esfuerzo: cerrar los ojos, apretar los puños y acomodarse al sistema actual, aunque nunca más volvamos a maravillarnos con una carátula y una cajita de cartón donde sonidos maravillosos estén guardados para cambiarnos la vida.

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