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8 feb. 2015

Para los arqueólogos del futuro

JUAN PABLO JIMÉNEZ LÓPEZ -.

No hay historias modernas de Curicó. Las que existen son referencias obligadas que están pidiendo a gritos que alguien las actualice.

Ese es el primer punto a favor del libro del profesor e historiador curicano Germán Aguilera, “Identidad Local y Constitución del Barrio Urbano. Curicó Siglos XIX y XX”.

Allí, el autor establece los orígenes del Curicó ciudad, especialmente a nivel de los asentamientos en tomas y barrios. Alrededor de ello, teje todo un entramado que se relaciona con las costumbres del curicano, especialmente apuntando a las familias que vienen del campo en busca de un futuro esplendor y que, construyendo sus casas con sus propias manos, constituyeron parte esencial de la identidad del curicano.

Aguilera no se queda en descripciones de fechas ni exceso de datos que pudieran ahogar el resultado de su investigación. A partir de hechos, va construyendo una sencilla y amena historia que sirve de documento de consulta para los arqueólogos del futuro.

La esencia de este libro es mostrar lo que significa el sujeto como actor y agente del entorno y la urbe, desde sus miserias y primigenias necesidades, hasta llegar al logro y traspaso de metas, traducido ello en la conformación de la ciudad a través de un núcleo tal vez nunca tan bien valorado como en esta obra: el barrio.

Porque en la toma –por ejemplo de la población Manuel Rodríguez en los setenta– se esconde todo un sentido de pertenencia y lucha que va mucho más allá de credos políticos y/o religiosos.

En ello está el ímpetu de salir adelante. Y así lo hicieron muchos curicanos, como también aquellos obreros y apatronados que levantaron, tabla a tabla y ayudados por sus hijos, las viviendas que fueron ocupando lugares como el derredor del cerro Condell, por nombrar un lugar, cuyo crecimiento más tarde tuvo su recompensa en, volvemos a lo mismo: la conformación de la urbe a partir del barrio.

La principal tesis que arma Germán Aguilera en su libro es que “el desarrollo armónico de la sociedad nos guiará hacia la verdadera transformación del ser humano”. 

Entonces, el autor va mucho más allá de un estudio. Establece una noble propuesta y coloca sobre la mesa una visión nunca tratada en profundidad, como es reflexionar o pensar la sociedad, en gran parte, desde su ordenamiento urbano.

Porque en ese ordenamiento hay pasión, hay lucha, esperanza, amor, por lo logrado y por esos hijos que van naciendo y a la vez valorando ese esfuerzo de sus padres en esta compleja madeja social llamada ciudad.

Una ciudad no solo crece con el empuje de los dueños del poder, sino también, con la gota gruesa sudada por el hombre de manos partidas.

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