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22 may. 2013

La reniñez de Gonzalo Rojas


JORGE MUZAM -.

Recorría esta mañana la biblioteca pública de San Antonio. El día estaba soleado y la escasa bruma marina no perturbaba la nitidez de los barcos. Me encontraba detenido frente a las estanterías de poesía chilena, mi mirada saltaba entre títulos y autores. Mi ánimo estaba algo apático tras varias noches sufriendo pesadillas a propósito de nada. No buscaba un autor en particular, pero me llamó la atención el título La reniñez, de Gonzalo Rojas. Buen título sin duda, que me provocó una espontánea conexión afectiva.

Conozco la trayectoria del poeta. No soy devoto de toda su obra y a veces he sido incluso muy duro con su poesía erótica. Pero Rojas tiene también buenos poemas, como los evocativos, los sensoriales y los existenciales. Rojas es notable en todo eso y la posición estelar que conquistó en el mundo hispano es completamente merecida. Recuerdo que su antiguo poema “Carbón” solía sacudir mis emociones cada vez que lo leía, porque ese hombre con manta de Castilla que llegaba a casa en medio de la tempestad, con la barba crecida, hambriento y enrabiado contra la explotación, pues ese hombre era el padre de todos los que vivimos una realidad parecida. Nosotros éramos una familia entre cientos de miles de otras familias enrabiadas contra la explotación que nos infligía ese ínfimo millar de hijos de puta que se había adueñado del país.

En el poema pasaba el tiempo, pasaban las generaciones, morían algunos, y las imágenes poéticas quedaban como el testimonio trascendente del inmenso valor concedido a aquellas vidas.

Respecto al libro La reniñez, no es enteramente un conjunto de poemas evocativos como lo pensé antes de abrirlo. Es más bien una recopilación de poemas de diferentes épocas y hablan tanto de la euforia que produce el poder expresar poéticamente nuestro asombro ante los hechos de la vida y la muerte, como del sentido de nacer o el arrobo ante la mujer (entendida como un delicioso precipicio). Reconozco que varios poemas me cautivaron hasta el punto de dejarme reflexivamente mudo. Uno de ellos, Los verdaderos poetas son de repente, irradia frescura, viveza y luminosidad en torno a la labor poética:

Los verdaderos poetas son de repente:
nacen y desnacen, dicen
misterio y son misterio, son niños
en crecimiento tenaz, entran
y salen intactos del abismo, ríen
con el descaro de los 15, saltan
desde el tablón del aire al roquerío
aciago del océano sin
miedo al miedo, los hechiza
el peligro.
Aman y fosforecen, apuestan
a ser, únicamente a ser, tienen mil ojos
y otras mil orejas, pero
las guardan en el cráneo musical, olfatean
lo invisible más allá del número, el
vaticinio va con ellos, son
lozanía y arden lozanía.
Al éxtasis
prefieren el sacrificio, dan sus vidas
por otras vidas, van al frente
cantando, a cada uno
de los frentes, al abismo
por ejemplo, al de la intemperie anarca,
al martirio incluso, a las tormentas
del amor, Rimbaud
los enciende:
“Elle est retrouvée
Quoi? L’Éternité”
Pero la eternidad es esto mismo

El poema 80 veces nadie, por su parte, es el resumen vitalista de una época y de una vida en particular que aspira a la inmortalidad del mundo que vieron sus ojos:

¿Y?, rotación y
traslación, ¿nos
vemos
el XXI? ¿Nos
vamos o
nos quedamos? Van 80,
y qué.
De nariz
Van 80, de aire, de mujeres
Velocísimas que amé, olí, palpé, de
mariposas maravillosas del Cáucaso irreal adonde
no se llega tan fácilmente porque no hay Cáucaso irreal, de eso
y nada van 80 de olfato
de niñez corriendo Lebu abajo, los pies
sangrientos rajados por el roquerío y el pedrerío, de eso, del
carbón, pariente del diamante, de las
gaviotas libérrimas van
80, del zumbido
ronco del mar,
de la diafanidad del mar,
Habrá viejos y viejos, unos
vueltos hacia la decrepitud y otros
hacia la lozanía, yo estoy
por la lozanía, el cero
uterino es cosa de los mayas, no hay cero
ni huevo cósmico, lo que hay en este caso
-y que se me entienda de una vez- es un ocho
carnal y mortal con mis orejas de niño para oír el Mundo, un ocho
intacto y pitagórico, mis hermanos
paridos por mi madre fueron ocho, los pétalos
del loto, la rosa de los vientos, lo innumerable
de la Eternidad, mi primer salto al vacío
desde el muelle de fierro contra el oleaje, ahí voy. Difícil
ocho mío nadar con este viejo a cuestas.
Bueno, y si muero el cero ya es otra cosa
y eso se verá si es que procede
el mérito del resurrecto. La puesta es ahora,
ese ahora libertino cuando uno
todavía echa semen sagrado en las muchachas, y
no escarmienta, construye casas,
palafitos airosos construye para desafiar al esqueleto, viaja,
odia la televisión, vive solo
en su casa larga de Chillán de Chile, unos setenta
metros de nadie, cuida
las rosas, acepta las espinas, se
aparta al diálogo con su difunta, rema en el aire
a lo galeote, como antes, todo en él es antes, el
encantamiento es antes, el
sol es antes, el amanecer, las galaxias son antes.
Así las cosas, ¿nos entonces vemos
el XXI? Los
verdaderos poetas son de repente: nacen
y desnacen en cuatro líneas, y
nada de obras completas,
otros
entreleen a su Homero por ahí en inglés entre el ruido
de los aeropuertos a falta de Ilión,
Hölderlin
fue el último que habló con los dioses,
yo
no puedo. El hado
no da para más pero hablando en confianza ¿quién
da para más?, ¿el aquelarre
de los nuevos brujos de la Física?, ¿el amor?, pero
¿qué se ama cuando se ama?, ¿las estrellas?, pero ¿quiénes
son las estrellas profanadas como están por las
máquinas del villorrio?
Lo
irreparable es el hastío.

6 comentarios :

  1. Puedo imaginar perfecto este cuadro casi simbiótico entre usted y los libros con la aparición casual aquel poemario de Gonzalo Rojas invitándole a pasear en sus escenarios poéticos. Siempre dejando entre ver su pasión por la mujer y su sensualidad.

    Cuanta verdad hay en los versos citados tantas veces me encontrado en este tránsito obligatorio del nacer y desnacer.

    “Los verdaderos poetas son de repente:
    Nacen y desnacen, dicen
    misterio y son misterio, son niños
    en crecimiento tenaz, entran
    Yysalen intactos del abismo…”

    Para parir poesía, a veces con certeza o algunas veces disipado. El Lúdico Rojas evidencia su reniñez en su manera de ver el mundo, porque así lo quiso su devoción poética.

    un abrazo Jorge.



    Alexandra

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  2. Descubro con asombro que mi deambular por las bibiotecas careció de interés por la poesía, no fue sino hasta hace poco que entré en contacto sensible con ella.. Las razones las desconozco, a caso mis intereses transitaron por otros caminos, tal vez muchos libros de filosofía o psicología guiada por mi curiosidad.. Ya crecida entro por el lado de los poetas malditos y continuo curioseando hasta llegar a los hipanoamericanos.. Gran descubrimiento! No me importa que fuera tardío, es necesario y me llena y reconforta poder establecer tamaña conexión emocional con estos escritores. A través de tus menciones conocí a Rokha y Huidobro, entre otros, espero seguir sumando.. mientras escribas seguiré tus huellas. Gracias querido amigo por orientar mis despistes. Veré si me consigo algo para leer.

    Abrazos!

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  3. Anita Martínez24/9/11

    "¿Hay que salvar al hombre?,¿Todos somos iguales
    como las olas, como flores en los jardines?
    ¿La dicha está al alcance de la mano?
    - El hombre nace y muere solo
    con su soledad, y su demencia
    natural, en el bosque
    donde no cabe la piedad ni el hacha."
    Un pedacito de Revelación del pensamiento.

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  4. Por lo visto la poesía nos toca de maneras muy distintas porque estos no son de mi gusto ni remotamente. Prefiero a Neruda.

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  5. La apreciación de la poesía está plagada de las arbitrariedades del ánimo del apreciador. Todo es arbitrario, subjetivo, oscilante. Una frase luminosa de Robert Frost puede al instante siguiente causar una honda tristeza o amargura y viceversa.

    Abrazos

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  6. A mi me gusta la poesía chilena. Superior, en lo alto de latinoamerica.

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